lunes, 31 de agosto de 2009

SALMOS. INTRODUCCIÓN.

SALMOS.

INTRODUCCIÓN.

El salterio se presenta como una colección de ciento cincuenta salmos. Pero el número no es exacto. Hay salmos divididos en dos que son uno, como 9-10 y 42-43; otros están repetidos, como 14 y 53,70 y la segunda parte del 40. En el salmo 9-10 la numeración griega se separa de la hebrea y continúa con un número menos hasta coincidir de nuevo en el 147. Yo sigo la enumeración hebrea.

La gran colección se divide en cinco colecciones desiguales, como una especie de Pentateuco de la oración: 1-41, 42-72, 73-89, 90-106, 107-150. Esta división no tiene valor particular; sólo que cada salmo final lleva un colofón añadido.

Los hebreos han dado a la entera colección el título de tehillim, privilegiando el himno o la alabanza, aunque sean más numerosas las súplicas. Globalmente se han atribuido a David, aun contra títulos particulares. En virtud de los salmos, la tradición cristiana griega confiere a David el título “el Profeta”.

Casi todos los salmos llevan, en la Biblia hebrea, un título que indica el autor, la circunstancia y una instrucción musical. Son obras de eruditos, que han intentado muchas veces historificar el salmo correspondiente. No pertenecen al salmo original y por eso no los recojo. Otras tradiciones ofrecen títulos diversos.

Hoy es corriente la clasificación de los salmos por géneros literarios. Un género está definido por el tema, el desarrollo, recursos formales y la situación en que nace o para la cual es compuesto. No todos los comentaristas coinciden en la lista completa de géneros y mucho menos en la clasificación de cada salmo. En esta tarea hay que evitar el rigor y el reduccionismo. Los poetas no hacían voto de rigor, y más importante que el género es el individuo. Propongo la siguiente lista de géneros como ejemplos.

1. Himno:65; 148. Del que son especificaciones:
a) canto de entronización o realeza de Yhwh: 93-99.
b) canto de / para Sión: 48; 122.
2. Acción de gracias: 18; 116.
3. Súplica nacional o comunitaria: 74; 79
4. Súplica individual
a) de perseguido: 22; 35
b) de enfermo: 6; 38
c) de inocente acusado en falso: 17; 26
5. Canto de confianza: 4; 23
6. Por o para el rey: 45; 72
7. Liturgia: 118
8. Penitenciales: 50-51; 130
9. Sapienciales
a) históricos: 78; 105
b) meditaciones: 49; 73

Algunas observaciones. El himno y la acción de gracias fácilmente se confunden o entremezclan. Los cantos de Sión se agrupan por el tema genérico, difieren en el desarrollo; un grupo particular lo forman los cantos de peregrinación. La súplica individual puede ser ampliada o acogida por la comunidad. La confianza es parte de la súplica, no siempre se independiza del todo. Los salmos reales coinciden en el tema genérico, nada más; varía mucho su tema específico: boda, batalla, gobierno. Las liturgias incluyen en el texto indicaciones para la ceremonia. En los penitenciales podemos distinguir la acusación, la confesión, la demanda de perdón. La situación de estos salmos es rara veces histórica, de ordinario es típica. Puede ser real o de imitación literaria; quiere decir que el salmo está estilizado a la manera de notas.

Muy importante es el estudio del lenguaje de los salmos. Se ha dicho, con razón, que el salterio es una síntesis de todo el AT. De ahí la necesidad de leer los paralelos en su contexto próximo y en su relación con el salmo. Después hay que remontarse a un punto donde abarca la validez general y aun universal de sus abundantes símbolos. Por otra parte, el individuo debe ser comprendido en su estructura de superficie o profunda; de aquí la importancia de estudiar la composición y sus relaciones internas.

El texto hebreo de los salmos es con frecuencia deficiente o dudoso. El intérprete tiene que recurrir a hipótesis o conjeturas; o presenta alternativas probables.

Más importante que lo diferencial es un factor común: los salmos son oración, fueron compuestos para ser rezados: ¿por quién?, ¿por quiénes? Con término técnico lo llamamos prosopología y apropiación.

Lo primero es definir quién pronuncia el salmo en la intención original. Más aún, dentro de algunos salmos hablan diversos personajes, y hace falta identificar sus voces; p. ej. Sal 2; 27; 55. Pasa el tiempo y otros pronuncian el salmo en circunstancias nuevas, con otro horizonte mental. Y así sucede la transformación profunda, sin cambiar el texto, cuando los pronuncia Jesús, cuando los consigna a su Iglesia. Los antiguos distinguían; puede pronunciar un salmo Jesucristo como Dios, como hombre singular, como cabeza de la Iglesia. En la Iglesia se puede distinguir: la comunidad y el individuo, la terrestre y la celestial. Esto significa un cambio de horizonte que afecta profundamente al sentido.

Para rezar sinceramente hay que apropiarse el salmo. A saber, sus sentimientos y su expresión. A veces sentimientos ajenos, por compasión, por experiencia vicaria; p. ej. el salmo de un moribundo, Sal 88. La expresión es todo un lenguaje: concreto, rico, simbólico. Unas veces el salmo da expresión a sentimientos ya existentes; otras veces la recitación nos comunica y excita los sentimientos adecuados.

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