jueves, 5 de agosto de 2010

SALMO 29 (28)

1 Hijos de Dios, aclamad al Señor
aclamad la gloria y el poder del Señor,
2 aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

3 La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la gloria ha tronado,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
4 La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica,
5 la voz del Señor troncha los cedros,
troncha el Señor los cerdro del Líbano;
6 hace brincar el Líbano como un novillo,
el Sarión como cría de búfalo.
7 La voz del Señor arranca llamas de fuego.
8 La voz del Señor sacude la estepa,
sacude el Señor la estepa de Cadés;
9 La voz del Señor retuerce los robles,
abre claros en las selvas.
En su templo un grito unánime: ¡Gloria!

10 El Señor se sienta sobre el diluvio,
está sentado el Señor como rey eterno.
11 El Señor da fuerza a su pueblo,
el Señor bendice a su pueblo con la paz.



Himno al Señor cósmico de la tormenta. Unos seres divinos son invitados a reconocer la supremacía de Yhwh. Al final el Dios cósmico se identifica con el de "su pueblo", Israel. Son indudables los influjos cananeos y al mismo tiempo el perfil yavista original. Alguno lo ha interpretado como canto de victoria, compañero de Ex 15, Jue 5 y Hab 3. Otro lo relaciona con Gn 6-9 por el "diluvio" del v.10.

Experiencia numinosa. Más importante que la dependencia cananea es la expresión de una experiencia humana elemental. Ante la revelación de algo que fascina e intimida, el hombre se siente sobrecogido; descubre en el fenómeno natural, la tormenta, algo que la trasciende y la desborda, que amenaza destruirlo y promete liberarlo. Este tipo de experiencia puede muy bien coexistir con una mentalidad técnica en otros campos.

Análisis formal. Las estrofas primera y última (1-2.10-11) forman un marco en que repiten, cuatro veces cada una, el nombre de Yhwh, en posición llamativa (que reproduce la traducción). Lo que el Señor recibe, en acto de reconocimiento, en 1b se lo da en participación a su pueblo en 11a. El cuerpo del poema repite diez veces el nombre de Yhwh, y siete veces, a intervalos irregulares, "la voz", que es el trueno. Una tormenta poderosamente estilizada, manifestación de la "gloria" del Señor en el clamor y en los efectos sobre la naturaleza: montes, bosques, estepa. El poeta reitera el recurso de la repetición con expansión. La calidad sonora es muy importante en el texto original.

29,1-2 Toda la corte celeste, en el templo del cielo, o con vestiduras litúrgicas, rendirá homenaje a Yhwh.

29,3-9 Comienza la tormenta en el océano, que puede ser el Mediterráneo (cfr. 1 Re 18,44s) o el mundo acuático celeste (Gn 1,6s). Salta al Líbano, baja al Sarión, desciende a una estepa no identificable, penetra en los bosques. El poeta lo abarca todo con la mirada. La cantidad de espacio, la variedad de escenas, confieren al poema velocidad. Los enlaces suceden con un relevo de truenos que salvan con el fragor las distancias. El trueno está sentido como sonido corpóreo y activo: troncha, retuerce, sacude. Los rasgos de movimiento superan a los visuales.

29,3 Véanse Sal 18,14; Job 37,4s.

29,4 Véase Sal 68,34.

29,6 Véase Sal 114,3.6. La comparación doméstica la dimensión cósmica de las montañas.

29,8 "Sacude": hace estremecerse, como agitación física y expresión de terror: Jr 51,29; Hab 3,10.

29,9 Corrijo el texto hebreo, para quedarme en el reino vegetal. El original dice "hace partir las ciervas", las hace abortar de terror. El templo puee ser el terrestre, donde se reúne el pueblo, o el celeste, done rinden homenaje los seres divinos. Un grito unísono responde a la "voz" séptuple del Señor.

29,10-11 Tras la tormenta sobreviene la paz. En la tremenda sacudida de la naturaleza, ancha y contagiosa, el Señor está tranquilamente sentado, por encima de las aguas. Ese Señor tiene un pueblo a quien otorgar el poder y bendice con la paz.

TRANSPOSICIÓN CRISTIANA.

Mt 8,23-27 nos muestra a Jesús señor de la tempestad. Mt 27,45s.50s describe la muerte de Jesús como teofanía: tinieblas, temblor de tierra, una gran voz. Una reminiscencia de los siete truenos se lee en Ap 10,2s. Autores antiguos aplican el salmo a la venida del Espíritu Santo y lo desmenuzan ingeniosamente.

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